Como dice el refrán: “Un lago de oro en la arena del desierto es menos que una fuente de agua fría y refrescante, y para una oveja perdida, un pastorcillo es más grande que el rey más rico”, lo que es valioso en esta tierra y lo que es valioso en el reino de los cielos son muy diferentes. La riqueza, el honor y el poder que muchas personas del mundo valoran no tienen valor en el reino de los cielos. Por eso, los santos de la Iglesia primitiva vivían para el reino de los cielos aun en medio de la persecución.
En el reino de Dios, la obra más valiosa es poner en práctica la palabra de Dios. Los miembros de la Iglesia de Dios buscan incluso a una oveja perdida con la verdad del nuevo pacto, creyendo en la palabra de Dios de que reinarán como reyes en el reino de los cielos y resplandecerán como las estrellas a perpetua eternidad.
Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Hebreos 11:13
Los entendidos resplandecerán como el resplandor del firmamento; y los que enseñan la justicia a la multitud, como las estrellas a perpetua eternidad. Daniel 12:3
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